La imagen, que originalmente es estática y forma cuadros, ha iniciado una vida en movimiento, suma de cuadros, semejante al desarrollo de la vida humana; desde el momento que comienza a ser registrada por la mano del artista, inicia el movimiento hacia la animación hasta el momento en que abandona la realidad y se pierde en el mundo de las ilusiones imaginarias de las películas que con motivos medievales dan vida a personajes ideales.
El imaginario del observador desata las más diversas sensaciones a la velocidad en que pasan los cuadros, el manejo intencional de estas sensaciones convierte a la imagen en herramienta ideológica de los productores de la imagen y los convierte en directores no solo del imaginario sino también de los objetivos de este mismo imaginario: el mensaje.
deleuze, filósofo francés, en su famoso estudios sobre cine 1: la imagen-movimiento, deja bien claro qué piensa de los cineastas y la producción cinematográfica ya en su prefacio:
hemos pensado que los grandes autores de cine podían ser comparados no sólo con pintores, arquitectos, músicos, sino también con pensadores. ellos piensan con imágenes-movimiento y con imágenes-tiempo, en lugar de conceptos. la enorme proporción de ineptitud en la producción cinematográfica no es una objeción: no es mayor que en otros terrenos, aunque tenga consecuencias ecónomicas e industriales sin parangón. los grandes autores de cine son, únicamente más vulnerables: impedirles realizar su obra es infinitamente más fácil. la historia del cine es un prolongado martirologio. pero, aún así, el cine forma parte de la historia del arte y del pensamiento, bajo las insustituibles formas autónomas que esos autores supieron inventar y, a pesar de todo, hacer viables.
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